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Bienvenido al primer relato corto originado desde "Dreaming Writing within Soul". Composición de tres capítulos de una antología filosófica.

Calle Liberto (Parte Primera)

sábado, 15 de enero de 2011

Contrariada la mirada del transeúnte, perdida en las luces de las farolas que se encienden en la noche oscura. Su silueta tras de sí dejaba una larga estela sombría que se confundía con el mármol que adornaba la calle, y con las demás sombras que proyectaba las mismas farolas que al hombre fijaban su incandescente luz.
Avanzaba entre hombres, niños, mujeres, niñas. Avanzaba entre tiendas con sus carteles luminosos, unos de neón, otros de colores vivos. Tanto, que el neón quedaba eclipsado por los otros.

Sentía en su cuerpo una paz brillante, como la farola, un sosiego, como el hombre ciego que vendía los cupones sentado en una esquina diferente de los edificios que protegían la calle del tránsito de los coches, y del tubo de escape de éstos; y una tranquilidad inmensa.
Se sentó en el banco verde que diferenciaba dos tramos en la calle, uno atestado de tiendas, el otro lleno de iglesias, mezquitas, sinagogas, centro de mayores, centro de juventud, etc. Siempre, una calle estaba más abarrotada de gente que la otra. No era de sospechar que la primera fuera menos abarrotada que la segunda.
Allí fue a juzgar al hombre que abraza a su hijo cuando éste llora porque su hermano, o hermana le ha pegado; al anciano viudo, que delante de la iglesia mirando fijamente la entrada, no sabe si entrar o irse; al adolescente que trata de cortejar a la chica que le ha gustado desde que tiene uso de razón.
"Todos tienen una historia", piensa cada vez que se sienta.
"Sabemos encontrar la verdad en el camino, el lugar adecuado en el momento adecuado. El padre que abraza a su hijo, sabe que éste solloza no solo por que le han pegado sino porque su cuerpo, indefenso aún, busca refugio de cariño. El anciano, no sabe si entrar en la Iglesia no porque sea creyente o no lo sea, sino porque no sabe aún por qué su mujer murió, por qué se la llevo el Altísimo. Él quiere entrar, pero está dolido.
El adolescente, en cambio, no trata de cortejar a la chica porque esté enamorado únicamente, sino porque ese sentimiento que en él aborda, destila en él la necesidad de compartir experiencias, su vida, la de su familia; compartir pensamientos, sentimientos; compartir el mundo con alguien. ¿No es ese el sentido del hombre? Compartir en comunidad. Y comunidad no significa sólo unión de más de dos personas, sino que dos bastan para ser comunidad, porque en ellos existe algo común llamado, recuerdos (presentes, pasados y futuros)."

Seguía sentado él, como habitualmente hacía. Una mujer que paseaba día sí, y día no por las diferentes calles de la ciudad, llena de curiosidad, se sentó en el mismo banco. Ella con intenciones interrogatorias, se sentó en el extremo opuesto al hombre. Aún así no dejaba de mirarle.
Él no era una persona muy asidua a contactar con otras personas, su sino era observar a las personas. "¿Qué querría ésta persona?" pensó.

"Disculpe señor, ¿podría decirme el nombre de la calle?" Decía la mujer mientras miraba al hombre con delicadeza.
"Es la calle Liberto señora" Dispuso el hombre mirando fijamente a las personas que transitaban. No quería mirar a su compañera de banco. Él era un hombre cualquiera, en un banco cualquiera, de una ciudad cualquiera, en una calle diferente, ¿por qué entonces le hablaría ella a él? Nunca nadie le había hablado. ¿Qué habría cambiado entonces?

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